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Gestión Cultural para el Desarrollo

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Perú el país de la cultura nunca jamás

Por Adriana Arista Zerga
arista@tandem.pe

Pachacamac-Lima (3)En el año 1985 se promulgó la Ley General de Amparo al Patrimonio Cultural de la Nación-Ley N° 24047, la cual estuvo en vigor hasta el año 2004 en que es reemplazada por la Ley N° 28296. La Ley de 1985 era una ley con carencias jurídicas muy grandes y permitía el uso y abuso del patrimonio cultural. Dentro de los grandes vacíos está la ausencia de un Reglamento que regulara la Ley y una clara omisión al espíritu de la Constitución de 1979 en la cual el patrimonio cultural, tanto materia como inmaterial, tuvo una gran relevancia.

Uno de los artículos que causaba mayor impresión en la citada Ley 24047 era el artículo N° 13 relativo a la salida de los bienes culturales. La Ley establecía, en concordancia con lo previsto en la Convención UNESCO de 1970, que los bienes muebles del Patrimonio Cultural de la Nación saldrían del país con una autorización previa que era otorgada mediante Resolución Suprema, dicha salida procedería cuando los fines sean  los siguientes:

  1. Exhibiciones de carácter científico, artístico y cultural; como fue el caso de la muestra del Señor de Sipán que recorrió Estados Unidos y la Dama de Ampato que recorrió el Japón.
  2. Para estudios o trabajos de restauración especializada; como los que se realizó a las piezas descubiertas en la Tumba del Señor de Sipán que fueron llevadas a Alemania para su restauración.

Estos bienes deberían contar con pólizas de seguro contra todo riesgo a favor del Estado y la salida no era mayor a un año, aunque podía ser prorrogable a dos. Hasta este momento no había nada extraño en la legislación puesto que estaba mas o menos enmarcada en lo que otros países disponían. El problema se originaba con los otros dos presupuestos de salida del país de bienes muebles:

  1. Objetos que tienen la certificación de ser bienes culturales, y que salen con destino a Embajadas del Perú o museos en el exterior;
  2. Objetos que salen como donaciones del Estado a otros Estados amigos, como expresiones de amistad, gratitud o valoración en el exterior del Patrimonio Cultural Peruano.

Si bien debían haber contado con la Resolución Suprema que permita su salida no tenían la obligación de contar con un seguro, ni tampoco existía un plazo establecido para su permanencia en el extranjero, siendo este artículo una muestra clara que muchas veces la propia ley origina la desprotección del patrimonio cultural. Centrémonos en el numeral dos Donaciones del estado a Estados amigos: desconociendo el carácter público de los bienes culturales y dejando de lado la función social de los mismos se dejaba en manos del Presidente de la República el decidir el destino de un bien cultural que formaba parte del patrimonio de la Nación.

En ninguna legislación extranjera existía una disposición de este tipo, se podría decir entonces que, a parte de ser un país muy “amistoso”, éramos uno de los pocos, si no los únicos, en el mundo donde existía una norma que otorgaba facultades a un mandatario para que disponga la salida de un bien cultural.

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E+C= Un antes y un después para la economía y la cultura

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Por Diana Guerra Chirinos

Entre el 20 y 22 de mayo pasado, se celebró en la Casa Llotja de Mar de Barcelona, el Congreso Internacional de Economía y Cultura, organizado por la Cámara de Comercio de Barcelona y cuya dirección científica recayó en Lluís Bonet Agusti, destacado economista catalán de la Universitat de Barcelona, y a quien tuve como director de mi tesina del DEA . Precisamente por esta relación, tuve la oportunidad de participar como relatora de las sesiones plenarias del congreso.

Fue muy interesante observar que un congreso de corte académico es capaz de reunir a los más importantes representantes del mundo político, empresarial, cultural y académico de España y de Europa: la Ministra de Cultura de España, el Presidente del gobierno catalán, el Conseller de Cultura y el Conseller de Economía y Finanzas del gobierno catalán, el Presidente del Parlamento de Cataluña, el Alcalde de la ciudad de Barcelona, el Presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Barcelona, el Director General de UNESCO, altos representantes de la Unión Europea, el Director General de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, entre otros. Todos ellos, participando en mesas de debates en los que los estudiantes, gestores, economistas, investigadores y empresarios culturales eran parte de un atento público. El congreso fue inaugurado por el Rey de España, Juan  Carlos I.

En el Congreso fue evidente que los distintos poderes y sectores de Catalunya son capaces de dialogar y que las reuniones no son un saludo a la bandera: al finalizar el congreso los representantes políticos se comprometieron y anunciaron, entre otras cosas, a continuar con este espacio y a crear un comité gubernamental de alto nivel que reúna a los especialistas de economía y cultura, una forma tangible de darle peso político a este tema dentro de la estructura pública del gobierno catalán. Y ello teniendo en cuenta que ya existe el Instituto Catalán de las Industrias Culturales , que depende de la Generalitat de Catalunya y que funciona mas bien a nivel técnico.

Siendo testigo de este encuentro y más allá de admirar la impecable organización, pensaba en cuándo podríamos presenciar algo parecido en Lima. Es decir, tener en una misma mesa de debate a la gente del Ministerio de Economía y Finanzas, del Instituto Nacional de Cultura, de la Cámara de Comercio de Lima, a los pequeños y medianos empresarios culturales, a los gestores culturales y a los investigadores que desde las universidades, reflexionan sobre las relaciones entre economía y cultura y diseñando una agenda de acciones.  Y que esa mesa sea el reflejo de un trabajo conjunto y de fondo, de una articulación real entre los sectores, en el que los economistas y los representantes del sector cultural encuentren un lenguaje común. ¿Estamos lejos de verlo?

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