LAS VIDAS ESCANDALOSAS DE CESAR MORO

Mauricio Delfín

Entrevista a Mario Vargas Llosa


¿Cómo conoció a César Moro en su dimensión poética?

Lo conocí personalmente sin saber quién era César Moro, cuando yo era cadete del colegio militar Leoncio Prado. Estuve 2 años en el colegio, 1950 y 1951. Moro era profesor de francés y fui su alumno. Sobre Moro corrían toda clase de rumores; se decía que era poeta, que era homosexual y eso creaba una curiosidad maligna en torno de alguien que por estas dos actividades representaba algo muy distinto a lo que era el ideal de virilidad dentro del que estaban inmersos los cadetes. Era un profesor curioso: había una cosa irónica que nosotros no entendíamos bien en su manera de responder a las burlas. El clima le era muy hostil y además se agudizaba mucho porque él no llamaba a los oficiales para que impusieran castigos o consignas. Aguantaba las burlas, las pasadas, algunas de muy mal gusto. Después, a la distancia, he pensado que él se había impuesto esta experiencia de ser profesor en un colegio militar (también fue profesor en la escuela militar de Chorrillos), como una de esas pruebas morales que solían imponerse los surrealistas. El surrealismo tenía una moral muy especial, distinta de la convencional pero muy rigurosa; el movimiento funcionaba no sólo de acuerdo a principios artísticos, sino que también éticos y en eso André Bretón era un defensor de una ortodoxia implacable. Algo de eso había en César Moro, lo que aumentaba la gran curiosidad mezclada de una cierta inquina y hostilidad. Era un hombre pequeñito, con pelo claro que raleaba, una frente muy ancha y ojos claros e irónicos. Tenía un cierto amaneramiento que era una de las cosas por las que los cadetes se ensañaban mucho con él y una ironía, repito, que era difícil de entender; nunca estaba claro si estaba hablando en serio o si se estaba burlando.

Descubrí realmente quién era Moro con motivo de su muerte. André Coyné dio una conferencia con un texto muy dramático en homenaje a Moro, recién fallecido. Me impresionó tanto esta conferencia de André Coyné que me puse a buscar cosas de César Moro y a leer sobre él; era muy difícil en Lima porque casi no había publicaciones, su poesía estaba dispersa en revistas o en pequeñas plaquets que había editado en México y gracias a André Coyné se conoció algo a Moro en esos años. Él hizo dos ediciones, una de poesía titulada Amour a mort y después los textos en prosa de Los Anteojos de Azufre. Ayude a Coyné en estas ediciones que se hicieron cuando él estaba partiendo para Brasil. Me quedé encargado de hacer algunas de las reparticiones del libro. Fernando de Szyslo, el pintor, hizo un dibujo especial para la carátula de una de estas ediciones y allí leí yo por primera vez a César Moro, las prosas, las polémicas, las conferencias que habían salido en revistas de circulación escasa, y me impresionó muchísimo no sólo la calidad de los textos, tanto los poéticos como los ensayos, en francés y en español. Es un caso único en la literatura peruana: un poeta tan al margen, que en cierta forma se había desperuanizado de una manera voluntaria, convirtiéndose en un poeta de fundamentalmente de lengua francesa. Incluso los años que vivió en el Perú, llevó una vida marginal, no se mezclaba con el ambiente literario; vivía en una especie de enclave con un grupo de amigos muy pequeño. Creo que fue un surrealista hasta el final.

Uno de mis proyectos en ese tiempo fue escribir algo sobre Moro y empecé una investigación que fracasó por falta de material. Intenté recoger testimonios de gente que lo había conocido y eran todos muy parcos. La vida de Moro en Lima había sido en gran parte secreta. En el viaje que hice a París, en 1958, entrevisté algunas personas que lo habían conocido, entre ellos a Benjamín Peret, el poeta surrealista, y me impresionó lo reticentes que eran para hablar de Moro. Después averigüé por qué. Bretón tuvo siempre prejuicios contra los homosexuales, una cosa que parece estúpida tratándose de un movimiento tan rebelde. A Moro no le reconocieron la pertenencia al movimiento surrealista cuando trascendió su homosexualidad. Incluso Peret, que había sido muy amigo suyo, no me dijo más que algunas vaguedades.
Conocí a un escultor por André Coyné que había sido amigo de Moro y él me habló de la época en que Moro se había ganado la vida como bailarín profesional; le pagaban para hacer bailar a al gente. No me acuerdo el nombre de ese escultor, pero sí que fue muy inesperada esa imagen, lo que me llevó a pensar que en realidad Moro haba tenido varias vidas. Creo que el título que correspondería a una buena biografía de César Moro sería "Las vidas escandalosas de César Moro", parafraseando un poco el poema. Si algún día se consigue desenterrar todo lo que anda escondido todavía de la biografía de César Moro nos vamos a encontrar con una vida espléndida, riquísima y sobre todo múltiple.


¿Ha cambiado la concepción de la homosexualidad en Lima?

Cuando yo era joven el machismo era feroz y desacreditaba a una persona, convirtiéndola automáticamente en blanco de censura social. La vida de César Moro no debió ser nada fácil. Creo que eso ha cedido considerablemente, sin desaparecer todavía, a diferencia de lo que ocurre en los países europeos o en Estados Unidos, donde los prejuicios se han reducido al mínimo, sobretodo en el campo literario e intelectual, pues ningún poeta, ningún artista, es juzgado en función de su sexualidad, como creo todavía sigue ocurriendo, por desgracia, en América Latina.

Me pongo a pensar en la última novela que usted ha escrito, El Paraíso en otra esquina. En los dos personajes, el rol de la sexualidad es muy importante para entenderlos ¿Hasta qué punto juega la sexualidad, o la homosexualidad, en la poesía de Moro? Yo tengo problemas cuando me dicen que es poesía homosexual.

Esa es una calificación absurda. Es como decir poesía de mujer, poesía de hombre. Son categorías insuficientes para explicar la creación artística. Un artista es un individuo, y un individuo es muchas cosas a la vez y la sexualidad es un dato importante desde luego, en algunos más importante que en otros, pero es un dato sumado a muchos otros datos. Es como decir ser peruano: es un dato importante para un escritor, pero ese dato se suma a otros muchísimos datos. Ser costeño, ser serrano, ser blanco, ser negro, ser cholo, ser indio, todos esos datos juegan dentro de lo que es la composición de una personalidad; la religión, sus amores, sus fobias, sus anhelos, sus complejos, sus predisposiciones en todos los campos, van constituyendo una suma de rasgos o particularidades que al final hacen que cada individuo sea distinto a los otros. Hablar de poesía homosexual es tan idiota como hablar de poesía negra, poesía india o poesía peruana; eso no quiere decir realmente nada, salvo una indicación entre otras muchísimas para tratar de entender lo que es una obra literaria.


Qué Moro haya escrito gran parte de su obra en francés, ¿significa que negaba una peruanidad o su idioma materno? Algunos lo han tomado como una traición. ¿Eso sigue siendo vigente?

Yo creo que también en eso hay menos prejuicios. Hay gente que se acerca a la literatura con actitudes patrioteras. Los que se acercan a la literatura de esa manera no entiende nada de la literatura y malentienden completamente lo que lee. César Moro no era un patriota en el sentido convencional de la palabra. Neruda dice en un poema, que creo no le hubiese gustado a Moro: "Patria. Palabra triste como termómetro o ascensor". Creo que Moro pensaba más en la humanidad, en las culturas, que en demarcaciones geográficas para definir las nacionalidades. Por eso se sintió identificado con el movimiento surrealista que estaba en contra de esa visión parcelada o regional, nacionalista, provinciana de lo que es la vida. Ahora, él tenía una adhesión profunda al Perú, pero no era patriotero: basta ver la virulencia de ciertos textos de Moro para hablar de cosas peruanas. Por ejemplo, la ceremonia en la que Chocano fue homenajeado en la Plaza de Armas de Lima con una corona de laurel, le inspira Moro una irritación tan profunda que evidentemente hay allí el inconfesado deseo de que la cultura en el Perú sea otra cosa, de que sea mucho menos provinciana, mucho menos convencional. Él tenía una integridad grande respecto a lo que era la poesía como todos los surrealistas; creía que la poesía estaba allí para cambiar la vida. Para decirlo de una manera un poco huachafa: el Perú le dolía a César Moro, creo que por eso quiso romper con el país. Volvió y se volvió a ir y al final regresó e hizo la vida que hizo en el Perú. Todo eso revela una relación muy desgarrada, pero al mismo tiempo muy intensa y muy profunda. Hubiera podido quedarse en Francia y convertirse en un poeta francés. Ya lo era cuando dejó Francia. Hubiera podido quedarse en México y nunca más volver al Perú. Hay muchos escritores y artistas peruanos que han desaparecido en el mundo. A mí siempre me ha fascinado la tradición, delgada pero muy antigua, de peruanos que fueron en un momento dado figuras que parecía iban a desarrollar una obra importante y luego se desvanecieron porque se fueron, "eligieron perderse entre la niebla" dice Sebastián Salazar Bondy en su ensayo Lima la horrible. Y César Moro hubiera podido hacer eso, perderse también en la neblina y sin embargo se quedó en este país que lo exasperaba y lo irritaba tanto. Hay un compromiso profundo con un país que desde luego no le gustaba como era, pero esa también es una forma de adhesión de la propia realidad.


Claro, podríamos decir que tenía unas grandes expectativas para el Perú.

Indudablemente no era un país del que había prescindido totalmente porque la obra de Moro escrita en francés o en español está salpicada de referencias y alusiones al Perú, y cuando hay algo que admira en el Perú escribe cosas muy hermosas, como por ejemplo el ensayo sobre la poesía de Eguren. Moro es uno de los primeros en exaltarla, es una poesía que a él lo conmueve profundamente y escribió sobre ella un texto muy bello.

Mi última pregunta se relaciona al surrealismo como movimiento, más allá de Bretón. ¿Qué vigencia tiene hoy en día en cuanto a la poesía?

El surrealismo quiso ser mucho más que un movimiento artístico. Quiso ser un movimiento revolucionario que iba cambiar no sólo los valores sino que iba a cambiar la vida. Ese aspecto del surrealismo hoy día nos parece un poco ingenuo. El surrealismo contribuyó muy poderosamente a enriquecer la vida, a liberar la actividad artística, enriqueciéndola con aportes que venían de otras disciplinas, abriendo paso al inconsciente. Pero creo que hoy en día, lo que podemos decir es lo que menos le gustaría a Bretón: la gran contribución del surrealismo es artística. Modernizó muchísimo la actividad literaria y el campo plástico. La contribución del surrealismo es central. Ahora, si cambió profundamente la vida, yo creo que no; en el ámbito de la creación de la sensibilidad, de la visión, de la percepción, sí, en ese campo creo hoy en día somos deudores del surrealismo. Pero somos deudores a muchos otros movimientos, a muchos otros pensadores y algunos que creo han marcado más profundamente que el surrealismo. Lo que sí creo que hay que afirmar con absoluta convicción es que dentro del surrealismo, si hay una figura en América Latina respetable, admirable, desde el punto de vista no solamente artístico, sino del rigor con que asumió la moral de los surrealistas, fue César Moro. Nunca hizo concesiones; vivió, escribió, pintó, de acuerdo a convicciones que respetó de manera intransigente, casi fanática, hasta el final de su vida, aunque eso le significara vivir en la más absoluta soledad, renunciando a toda forma de reconocimiento. Eso en cualquiera de las sociedades latinoamericanas ya es excepcional y en el Perú es casi un milagro.